El premier Guido Bellido, en su discurso de investidura, empleó retórica populista apelando a frases como "inclusión financiera" y "un banco para los pobres" para justificar una propuesta que transformaría al Banco de la Nación en un banco comercial competidor de la banca privada.
El Proyecto de Ley N°00077/2021-CR busca modificar la ley de creación del Banco de la Nación y sujetarlo a la regulación general del sistema financiero, permitiéndole captar depósitos del público en general y otorgar créditos a personas y empresas en todo el territorio nacional.
El Banco de la Nación no es un banco cualquiera
El Banco de la Nación no cuenta con la capacidad de evaluación crediticia necesaria para operar como banco comercial. Sus actuales clientes son empleados del Estado con descuentos automáticos por planilla: el riesgo de no pago es prácticamente nulo en ese universo. Pasar a atender a la ciudadanía general es un salto cualitativo enorme que la institución no está equipada para dar.
A diferencia de la banca privada, que ha desarrollado durante décadas modelos de scoring crediticio, análisis de riesgo y gestión de cobranzas, el Banco de la Nación carece de estas capacidades. Pretender que puede replicar estas funciones de forma competitiva, y encima en condiciones favorables para el cliente, es desconocer cómo funciona el negocio financiero.
Los riesgos para el contribuyente
Las consecuencias previsibles de esta expansión son claras:
- Las tasas de recuperación de créditos serán bajas por falta de experiencia en evaluación de riesgo crediticio
- Las pérdidas acumuladas deberán ser cubiertas, tarde o temprano, con recursos del erario público
- El Estado asumirá el riesgo que la banca privada gestiona con capital propio
- Los contribuyentes financiarán las pérdidas sin participar de las ganancias
El gobierno asegura que el Banco de la Nación no necesitará fondos del Estado para su expansión. Sin embargo, la historia de los bancos de desarrollo estatales en América Latina muestra exactamente lo contrario: las pérdidas acumuladas siempre terminan siendo absorbidas por el fisco.
El problema de fondo: la informalidad
La falta de acceso al crédito formal de los emprendedores peruanos no se resuelve creando un banco estatal que compite en condiciones artificiales. El problema de raíz es la informalidad económica que impide a millones de pequeños empresarios acceder al sistema financiero formal.
La verdadera inclusión financiera requiere:
- Formalizar la economía reduciendo los costos tributarios y laborales de la pequeña empresa
- Simplificar los trámites de constitución y operación de negocios
- Brindar asistencia técnica para que los emprendedores mejoren su gestión y puedan acceder a crédito formal
- Fortalecer el mercado de capitales para financiamiento alternativo a las Mipymes
Los ciudadanos peruanos prefieren la oportunidad económica a través de su propio esfuerzo antes que la asistencia estatal. El Estado debe enfocarse en garantizar servicios esenciales de calidad y crear las condiciones para que el sector privado cree riqueza y empleo, no en convertirse en competidor de la banca privada.