En un país donde la lógica parece estar al revés, nos encontramos con una situación que bien podría inspirar una tragicomedia. La SUNAT, nuestra gran recaudadora de impuestos, ha demostrado con creces que la informalidad sigue siendo su talón de Aquiles. A pesar de más de una década de esfuerzos, más del 70% de la población económicamente activa sigue fuera del radar fiscal. Pues claro, ser formal es una tarea titánica en el Perú, además de los impuestos y cargas laborales que se tienen que asumir; es mejor quedarse chiquito y mantenerse en la sombra.
Fuente: INEI
Pero no nos detengamos ahí, porque la presión tributaria, ese indicador clave que mide la carga tributaria que recae sobre los ciudadanos, se mantiene en un modesto promedio del 15% —una cifra que muchos países superan. Pero, si solo analizamos la presión tributaria que recae sobre los formales (que son muy pocos), este porcentaje sube a 44.4%, lo que quiere decir que las empresas y consumidores formales en Perú son quienes verdaderamente "paran la olla". La alta carga fiscal desincentiva la formalización y crea un entorno poco favorable para el crecimiento y desarrollo de los negocios.
Fuente: SUNAT y BCRP
Podríamos pensar que, en un entorno donde la base tributaria no crece, la solución lógica sería enfocarse en reducir la informalidad, ampliar esa base y, por fin, mejorar la recaudación. Pero en el Perú, en lugar de atacar la raíz del problema, la solución mágica parece ser "castigar" a los que ya cumplen. ¿Cómo? Con medidas como el famoso "impuesto Netflix", que grava a los que ya están dentro del sistema en lugar de traer a nuevos jugadores a la cancha. O medidas que pretenden subir tasas impositivas ahuyentando más la inversión privada.
Pero la historia no termina ahí. 2023 no fue un año precisamente brillante para la recaudación fiscal. De hecho, se cayó en casi un 6%, en un contexto donde el país se contrajo un 0.5%. Y, sin embargo, la SUNAT, en una movida que desafía toda lógica meritocrática, recibió un aumento presupuestal del 15%. ¿El motivo? Pues parece ser que recompensamos a los malos alumnos, y no solo con una estrellita en la frente, sino con un incremento sustancial en sus recursos, de los cuales el 60% se destina a planillas. No importa que sus resultados sean pobres; en el mundo al revés, la recompensa llega igual.
Fuente: MEF
Mientras tanto, la informalidad sigue su curso, desafiando los esfuerzos por hacer crecer la base tributaria. Pero claro, es más fácil apretar a los que ya pagan que ir tras los que no lo hacen. Y si a eso le sumamos que la meta fiscal tampoco se va a cumplir (cerrando el déficit en un 3.2% —según Moody's—, superando la meta por segundo año consecutivo), queda claro que la estrategia es simple: subir más impuestos, gravar servicios digitales y esperar que mágicamente el déficit se reduzca.
Así es, amigos, bienvenidos al mundo al revés. Aquí, la ineficiencia se premia, el déficit se ignora y la solución a todo parece ser cargar más a los mismos de siempre. Porque si la SUNAT no cumple sus objetivos, pues no importa, le subimos el presupuesto. Después de todo, alguien tiene que pagar las planillas.