El Perú se encuentra entre los diez países con más días libres en el mundo, con un total de 46 días no laborables entre feriados y vacaciones, lo que lo coloca en una situación de baja competitividad frente a economías más productivas. Los feriados tienen un efecto directo sobre el crecimiento económico al reducir la producción en sectores clave como manufactura, minería, construcción y agricultura; y aunque algunos rubros como el turismo y el comercio pueden beneficiarse, estos efectos positivos no compensan las pérdidas de sectores con mayor peso en el PBI.

Las cifras son elocuentes. Según cálculos de la Cámara de Comercio de Lima (CCL), cada feriado no laborable representa una pérdida aproximada de US$ 600 millones en la producción nacional. Para una micro y pequeña empresa (MYPE), un feriado adicional implica un sobrecosto laboral del 10% al 15% en la planilla mensual. A esto se suma una productividad laboral estancada, con un promedio de S/ 31,873 por trabajador en 2022, cifra baja en comparación con otras economías emergentes.

La relación entre feriados e informalidad resulta especialmente preocupante. En 2018, cuando el país tenía 12 feriados, la informalidad era de 72.4%; en 2022, con 14 feriados, subió a 75.7%. Esto sugiere que el aumento de días no laborables afecta la capacidad del sector formal para absorber más trabajadores, pues las empresas formales enfrentan mayores costos por cada feriado —al tener que pagar salarios sin contraprestación de trabajo o abonar horas extras si operan—, mientras que el sector informal sigue funcionando normalmente sin esos costos adicionales, generando incentivos perversos que profundizan la informalidad.

Un golpe a la educación y al capital humano

El capital humano es uno de los principales motores del crecimiento económico, y sin embargo cada feriado representa una pérdida de aprendizaje para más de 9.4 millones de estudiantes peruanos. El país ya arrastra un grave déficit educativo debido a la pandemia, las huelgas de maestros y otros paros, lo que ha impactado significativamente en la formación de los estudiantes; más feriados solo profundizan este problema y comprometen el desarrollo del capital humano.

El impacto en la calidad educativa es evidente: el Perú enfrenta serios desafíos, con resultados preocupantes en pruebas internacionales como PISA, donde figura entre los países con peor desempeño en matemáticas y comprensión lectora, y la reducción de días de clases solo agrava esa situación. A ello se añade el costo para las familias, pues muchos padres deben salir a trabajar durante los feriados mientras sus hijos permanecen en casa, lo que genera gastos adicionales en cuidado infantil o expone a los menores a situaciones de riesgo. A largo plazo, la falta de educación adecuada reduce la productividad futura del país, limita el acceso de los jóvenes a empleos formales y aumenta la desigualdad económica.

Un Estado que se paraliza sin costo para sí mismo

El sector público se beneficia de los feriados y días no laborables sin afectar sus ingresos, ya que, a diferencia del sector privado, los trabajadores del Estado reciben sueldos completos sin importar su nivel de productividad, lo que agrava la ineficiencia del aparato estatal. Además de los 16 feriados nacionales, el gobierno decreta días no laborables adicionales para el sector público, ampliando aún más la cantidad de días sin actividad productiva.

Durante estos días, la administración pública se paraliza y afecta trámites, licencias, procesos judiciales, atención médica y otros servicios esenciales, lo que genera costos adicionales para ciudadanos y empresas que dependen de su funcionamiento. La baja productividad del sector público ya es un problema estructural, y la acumulación de feriados solo profundiza la ineficiencia, generando cuellos de botella en la atención ciudadana y un mayor costo para el Estado sin retorno en términos de productividad.

Menos producción, más informalidad

Dado el bajo nivel de productividad, la alta informalidad y la crisis en la educación, el Perú no puede permitirse seguir aumentando la cantidad de feriados. Cada día no laborable implica costos directos en el crecimiento económico, la formación de capital humano y la eficiencia del Estado. El país necesita priorizar la competitividad, la inversión y el empleo formal en lugar de continuar con una política de expansión de feriados; para lograr un crecimiento sostenido y mejorar el bienestar de la población, es fundamental garantizar una mayor continuidad en la actividad productiva y en la educación. Los feriados, lejos de ser un beneficio para la sociedad, se han convertido en un obstáculo para el desarrollo del Perú.