Brenda lleva casi 14 años emprendiendo en el rubro textil. Tras perder su empresa durante la pandemia, comenzó nuevamente y recientemente trasladó su taller a Gamarra. Instalarse implicó asumir costos importantes: Brenda cuenta que tuvo que pagar seis meses de alquiler por adelantado, para lo cual recurrió a un préstamo bancario. A esos costos se sumó el proceso para operar formalmente. Aunque trabaja a puerta cerrada, decidió tramitar su licencia de funcionamiento. Su experiencia muestra algunas de las dificultades que puede encontrar una pequeña empresa cuando intenta cumplir con las exigencias municipales.

¿Qué ocurrió cuando decidiste sacar tu licencia de funcionamiento?

“Quería hacer las cosas bien y me he dado con la puerta en la cara con la cantidad de trabas que te pueden poner los municipios para poder formalizarte”, cuenta Brenda.

Para iniciar el procedimiento tuvo que contratar especialistas, preparar planos y cumplir con distintas exigencias de seguridad. Luego de una inspección de aproximadamente 40 minutos, recibió ocho observaciones que debía subsanar.

¿La municipalidad te orientó para cumplir con todos esos requisitos?

“No, es nulo”, responde cuando se le pregunta por el acompañamiento municipal.

Brenda explica que varios requisitos utilizan términos técnicos que un pequeño empresario no necesariamente conoce. Por ello, considera que la municipalidad debería brindar orientación antes de la inspección.

“Me hubiera encantado poder tener una asesoría previa para que me expliquen qué es esto, porque a veces son palabras muy técnicas que uno como empresario desconoce”.

¿Qué pasó cuando intentaste levantar las observaciones?

Brenda señala que hubo una confusión respecto al plazo. Mientras se encontraba en la municipalidad presentando los documentos para subsanar las ocho observaciones, fiscalizadores llegaron nuevamente a su establecimiento.

Según su testimonio, durante esa visita se tomaron fotografías y se formularon nuevas observaciones. “Prácticamente ha sido una nueva inspección”, señala.

Los problemas no terminaron allí. Brenda nos comentó que posteriormente descubrió que los planos que había presentado se habían extraviado, por lo que tuvo que solicitarlos nuevamente a su arquitecta y volver a entregar las copias.

Después de esta experiencia, ¿entiendes mejor por qué algunos emprendedores permanecen en la informalidad?

“Ahora entiendo por qué hay muchos emprendedores, empresarios, que no son formales”, afirma.

Para Brenda, el problema está en que quien quiere cumplir puede encontrarse con trámites difíciles de entender y poco acompañamiento. También cuestiona que las inspecciones tengan una fecha, pero no una hora determinada, obligando al emprendedor a permanecer disponible durante buena parte del día.

¿Qué debería cambiar en la Municipalidad de La Victoria?

Brenda propone que la municipalidad se acerque más a los emprendedores y ofrezca asesoramiento para obtener las licencias. Según cuenta, en su caso el procedimiento costó más de S/700, por lo que considera razonable que exista un servicio de orientación que ayude a cumplir correctamente desde el inicio.

También pide que el levantamiento de observaciones sea más predecible y que se investiguen las denuncias contra fiscalizadores cuando existan cuestionamientos por su actuación.

Fiscalizar es necesario, cumplir debería ser sencillo

La experiencia de Brenda pone sobre la mesa un problema central para la formalización: fiscalizar es necesario, pero el Estado también debe hacer que cumplir sea sencillo, predecible y razonable. Las reglas pierden efectividad cuando quien intenta seguirlas enfrenta más costos y trabas de los necesarios.

Esta es una versión resumida de nuestra conversación con Brenda. Mira la entrevista completa en nuestro canal de YouTube para conocer su experiencia en Gamarra, los problemas que encontró durante la fiscalización y sus propuestas para que la Municipalidad de La Victoria facilite la formalización de quienes quieren hacer las cosas bien.

Ver la entrevista completa en YouTubeCanal Contribuyentes Perú