Marta y su familia llevan varios años dedicándose al servicio de imprenta. Con el tiempo comenzaron a conseguir clientes a través de su página web, redes sociales y recomendaciones. Su domicilio fiscal está registrado en su vivienda, mientras que la imprenta opera en Breña. Según cuenta, SUNAT acudió a verificar el domicilio y no pudo ser atendida en ese momento. Tras la visita, señala que fueron registrados como no habidos y quedaron impedidos de facturar.

¿Qué ocurrió cuando SUNAT llegó a tu domicilio fiscal?

“Llegó SUNAT, tocó el timbre y no nos encontró. Al no encontrarnos, aparecíamos como no habidos y nos suspendieron. No podíamos facturar”, relata.

Marta explica que su esposo se encontraba en la vivienda, pero no pudo atender el timbre a tiempo por problemas de salud. Ante la situación, se comunicaron con su contadora para iniciar el procedimiento de regularización.

¿Qué hicieron para volver a facturar?

Su contadora presentó ante SUNAT la documentación que les solicitaron para acreditar el domicilio, incluidos recibos de servicios. Según Marta, les indicaron que debían esperar una nueva verificación. La documentación fue presentada el 31 de julio y la visita se produjo el 12 de agosto. Durante ese periodo, sostiene, su negocio no pudo emitir comprobantes.

¿Cómo afectaron esos 12 días a la imprenta?

“Nosotros vivimos del día a día”, explica. La imposibilidad de facturar generó dificultades tanto con trabajos que ya tenían comprometidos como con potenciales clientes. Marta cuenta que podía explicar la situación a quienes ya la conocían, pero hacerlo frente a un cliente nuevo era mucho más difícil. “Todo es con factura. Ningún cliente te va a aceptar si no facturas”, señala.

Para una pequeña empresa, varios días sin poder emitir comprobantes pueden significar perder ventas e ingresos que forman parte de su operación cotidiana.

¿Qué es lo que más te indigna de lo ocurrido?

Marta no cuestiona que SUNAT pueda verificar la información proporcionada por un contribuyente. Su crítica está en las consecuencias y en el tiempo necesario para resolver la situación. “Yo comprendo que SUNAT pueda verificar, constatar todo lo que quiera, pero no dejarte sin facturar tantos días. Te acepto tres días, tal vez, pero 12 días me parece demasiado”, sostiene.

Una fiscalización legítima también tiene un costo

Su experiencia plantea una discusión relevante para el contribuyente: una fiscalización puede ser legítima y necesaria, pero sus procedimientos también deberían considerar el costo que generan sobre quienes buscan operar formalmente. Para un pequeño negocio, dejar de facturar durante varios días no es un inconveniente menor. Puede significar perder clientes, incumplir compromisos y quedarse sin los ingresos necesarios para continuar operando.

Esta es una versión resumida de nuestra conversación con Marta. Mira la entrevista completa en nuestro canal de YouTube para conocer cómo vivió el procedimiento ante SUNAT, el impacto que tuvo sobre su imprenta y qué cambios considera necesarios para que fiscalizar no termine castigando a quienes buscan mantenerse en la formalidad.

Ver la entrevista completa en YouTubeCanal Contribuyentes Perú